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Profundo pesar en la diócesis de Goya por la muerte de Miguel Catarineau

El presbítero Miguel Catarineau murió el viernes 31 de enero, a los 86 años, tras padecer una enfermedad. Sus restos fueron velados en la parroquia Nuestra Señora del Rosario, donde se celebró la misa de exequias presidida por el Obispo de Goya, monseñor Adolfo Canecin y, posteriormente fueron trasladados al cementerio “La Misericordia”, para su inhumación.

TRAYECTORIA
Los restos del “cura obrero” que llegó hace más de 40 años Monte Caseros cumpliendo con el mandato de entregar su vida al servicio de Dios fueron velados en la Parroquia “Nuestra Señora del Rosario”.

Un hombre que no solamente ha dedicado su tiempo al ejercicio sacerdotal, sino que ha creado a su alrededor eslabones que juntan a las personas en un sentimiento de unión y de pertenencia con un contenido de valores que no ha cambiado en su esencia con el tiempo ni con la historia.

El Presbítero Miguel Catarineu, quien, a pesar de ser originario de otra localidad de la República Argentina, ha logrado crear una relación identitaria con la sociedad y la comunidad de Monte Caseros.

El Padre Miguel Catarineu era oriundo de San Isidro, provincia de Buenos Aires, tenía 86 años de edad y llegó a la localidad de Monte Caseros, el 18 de mayo de 1968.

Miguel, como todos lo conocían, pues no le gustaba que le digan “padre”. Hizo su escolaridad primaria en un colegio bilingüe de su ciudad, el secundario en el Colegio Industrial Otto Krauss y previo al Seminario, cursó dos años en la Universidad.

No estuvo en muchos lugares una vez que fue sacerdote. Él estuvo cuatro años ejerciendo en Villa Martelli, en San Isidro, en una parroquia nueva que se había fundado, más precisamente, en la conocida Villa La Cava.

En compañía del Presbítero Tomás Von Schultz, hacían una experiencia de pastoral obrera, una temática de inserción del sacerdote en el mundo del hombre obrero, una forma no demasiado bien aceptada por determinados sectores sociales, motivó que ambos se vieran obligados a buscar horizontes distintos.

Ese horizonte diferente lo encontraron en la Diócesis de Goya, en aquel momento a cargo del Obispo Alberto Devoto, que era conocido de los sacerdotes y quien los recibió con los brazos abiertos. Monseñor Devoto les permitió realizar su experiencia pastoral en la provincia de Corrientes.

El Obispo les había sugerido dos posibilidades de inserción para estar en el mundo obrero: una era la ciudad de Goya, que en ese momento tenía muchas fábricas; y la otra era Monte Caseros, donde había una fuerte presencia obrera a través de los talleres pertenecientes a los Ferrocarriles Argentinos, en el ramal General Urquiza.

Los sacerdotes Catarineu y Von Schultz optaron por la segunda posibilidad. Una vez allí, Miguel lo hizo a través de su trabajo dentro del ámbito de la construcción, lugar en el que se destacó durante mucho tiempo ya que la ciudad en ese entonces no contaba con arquitectos, y él siendo Maestro Mayor de Obras, demostró conocer muy bien su oficio.

La experiencia vivida, nacida en la práctica social, ya que el hecho de compartir sus experiencias laborales con otros actores sociales , además del contacto propio del sacerdote con los fieles, hizo que comience a compartir también los sueños e ideales de la comunidad montecasereña.

Miguel Catarineu, baso su filosofía en la frase “No hay futuro sin sacrificio” y el pasaje a otros de esta forma de pensar siempre ha sido parte de un proceso de transmisión desde lo individual hacia lo colectivo.

Miguel Catarineu, no sólo se limitó a realizar una transmisión de su filosofía de vida en su labor pastoral propiamente dicha, sino que se arriesgó a hacerlo a nivel personal.

Discutir sus ideas, en aquellas épocas de un país donde osar siquiera a pensar estaba vedado, tuvo como consecuencia muchas críticas hacia él, quien además debió soportar no sólo ser mirado de costado, sino discutido y vigilado desde muy cerca, especialmente por el sector castrense. Aunque esto simplemente contribuyó a que los vecinos de la capilla de San Ramón Nonato, lo apoyaran mucho más.

Pero esta transmisión de saberes, conocimientos y valores, también hizo que mucha gente lo pueda ver de otro modo, cuando a nivel estrictamente personal, tomó a su cargo y colocó bajo su protección a adolescentes con carencias de todo tipo, no sólo económicas, sino fundamentalmente, aquellos con dificultades afectivas.

Fue docente en la cátedra de Dibujo Técnico en la Escuela Técnica nº 1 Pedro Ferré y ejerció su acción educadora en Filosofía y Doctrina Social de la Iglesia en el Instituto Atamañuk, donde además fue Representante Legal.

“Los chicos tienen que tener un lugar, tienen que tener “su” lugar y tienen una perspectiva de la vida totalmente diferente a la nuestra sólo por el hecho de ser jóvenes” decía siempre el padre Miguel.

Miguel Catarineu, también fue uno de los ideólogos de la compra de una ambulancia para la ciudad. Esta idea surgió en una época en que no se contaba con ningún medio de transporte para el traslado de enfermos, más allá de los rodados pertenecientes al Hospital Policlínico Ferroviario y al Hospital Provincial Samuel W. Robinsón.

Así, junto a otras personas, tan interesadas como él en la mejora de la calidad de vida de la población, se convirtió en uno de los fundadores de lo que se llamo “Ambulancia del Pueblo.

Pero su obra mayor indudablemente es la que realizó en el Instituto “Presbítero Demetrio Atamañuk”, una escuela pública de Gestión Privada.

Siempre respeto los preceptos fundacionales de la existencia de una escuela de comercio a la cual “todos” puedan concurrir, jamás dejaron de brindar educación a alumno alguno por el hecho de no poder pagar por ella.

El Padre Catarineu, fue siempre recordado por las predicaciones de los Retiros Espirituales en “San Liborio”.

La filosofía de vida llevada adelante por el padre Miguel Catarineau se sintetiza en una frase mencionada por él mismo: “gastar la vida en hacer algo por los demás es una cosa muy linda”.

El obispado de Goya manifestó su profundo dolor por el fallecimiento del padre Catarineau encomendando su alma “a la misericordia de Dios de la mano de María”.

“Oremos por el descanso eterno del querido Miguel, por sus familiares y amigos, y por la comunidad de Monte Caseros”, subrayó el obispo diocesano.

MEDIDAS PARA PREVENIR EL COVID-19

Distanciamiento social. Lavarse las manos frecuentemente con agua y jabón o alcohol en gel. Toser o estornudar sobre el pliegue del codo. No llevarse las manos a la cara. Ventilar bien los ambientes de la casa y del lugar de trabajo. Desinfectar bien los objetos que se usan con frecuencia. No automedicarse. En caso de presentar síntomas, NO CONCURRIR AL HOSPITAL, llamar al 107 - 422431 - 416307 y seguir las recomendaciones.